“(…) y Robin lo acostó sobre la alfombra persa que adornaba el suelo del living de la mansión Díaz, le bajo los calzoncillos rojos y le mordió el sexo, mientras Batman se quitaba las calzas grises de látex y le frotaba el suyo contra la cara. El látex del traje de Batman rozando sus piernas le hizo mover las orejas como un mogolico. Eyaculó hundiendo la cara entre las piernas de Batman, que le orinó en la boca, Ricardo Tapia le mordía al mismo tiempo los testículos hasta hacerlo llorar en kriptoniano; Clark eyaculó por segunda vez, gimiendo, mientras Batman le arrancaba la S amarilla y Robin le registraba los bolsillos, donde encontró el tan ansiado piñón de mountain bike. El dúo dinámico brillo de felicidad. Por fin iban a poder andar en bici por(...)”
“(...) y se subieron a las bicicletas, y se lanzaron pedaleando por la vereda de la costanera, a la par de superman, tan blanco y desnudo como la luna, recortada por el río que no se parecía a un mar. Pedalearon, con la cabeza ida. Pensando en el excelente sexo que habían tenido. Las piernas maravillosamente libres. El cuerpo, objetivo y justiciero. Pedalearon, como sin darse cuenta, casi tres metros. Hasta que se les cruzó un perro. Y superman quedó desparramado en el suelo, como una feta de fiambrín(…)”

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